lunes, 3 de octubre de 2011

HOLA NEGRI ¿EN QUÉ TE PUEDO AYUDAR, MADRE?

Muchos años de mi vida dedicados a la atención al público. Boutiquera de pura cepa capaz de vender hasta a mi vieja con un poco de esmero. Trabajos agotadores si los hay. Y muy redituables si se tiene la habilidad de saber emplearlo. Siempre traté de ser buena vendedora. Lo que a mi entender implica saber orientar, asesorar y conducir a una persona a que compre lo que se me antoja la gana pero con la suficiente sutileza como para que no se de cuenta. Qué importa si el rojo le queda mejor si el depósito está lleno de verde, entonces el verde es el color de moda y le realza las facciones y le entalla en la cintura. Un arte.

Solo cuando uno sale del rubro y se posiciona en el lugar de la víctima toma real conciencia de lo mal que trabajan la mayoría de los ocupantes de estos puestos de trabajo. Sólo cuando nos toca entrar a un negocio y que los empleados nos pasen por delante sin acusar recibo de nuestra presencia lo notamos. Sólo cuando las minas te miran de arriba a abajo con cara de asco o se ríen entre ellas por algo que no llegás a entender comprendemos que estar detrás de un mostrador no es simplemente pararse frente a otro.
Todas esas actitudes me molestan. Me remontan a mis épocas gloriosas en la boutique. Y me hierve la sangre cuando entro a un comercio en busca de algo y una tilinga que mastica chicle con la boca abierta o se toca el pelo haciéndose un chorizo me dice: "Hola cielo, que andás buscando madre. No, gordi, no me queda. Pero si querés pasá la semana que viene, amor que capaz recibo algo. No de nada, negri."

A todas esas argolludas, inútiles y groseras empleadas de negocios que te hablan con exceso de adjetivos y adulador esmero les digo ¡NO LAS SOPORTO! Ubiquense. De donde sacan la terrible idea de que hablarle a quien no conocen como si fuera una hermana puede resultar positivo. Que cielo ni cielo. Seguí llamándome así y vas a descubrir que capaz me convierto en infierno. ¿Madre? Si yo fuese tu madre perdé cuidado que masticarías con la boca cerrada. Ah, ¿querés saber lo que tengo gordi? Ni amor ni negri, nada nena. Irene Dafne Jael me pusieron cuando nací. No te alcanzan tres nombres.

Y mas me enferman la raquíticas, insulsas y asexuadas pendejas que les pedís una prenda para probarte y te aclaran de antemano, antes de mostrártela "mirá que son tallecito único" o "mmmmm ¿como para vos? dejame ver si me quedó algo en el depósito". Ni te digo si tienen la mala idea de acotar "No. Talles grandes no tengo". Pedazo de desnutridas, frígidas con menos gracia que chupar un clavo, el día que comprendan que la belleza física es la mas efímera de todas las bellezas posibles, quizá me tome la molestia de tratar de explicarles en un nivel de comunicación capaz de ser entendido por sus mal alimentados cerebros, que yo no soy la que tiene un talle grande y que en todo caso, así lo tuviera, tienen la obligación de darme la posibilidad de decidir si quiero parecer el matambre arrollado de la navidad.

No voy a irme al extremo de aquellas que con tal de vender intentan persuadirte con una insistencia abrumadora de que cualquier porquería que te pongas te queda "pintada" o pareciera que fue "hecha para vos". Como si una fuera ciega o hubiese perdido el sentido del buen gusto y la vendedora fuese una experta en diseño o asesora de vestuario capaz de tener voz y voto calificado para opinar sobre lo que una debe lucir la próxima temporada.

En fin ¡NO LAS SOPORTO!

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