Para quienes estamos salvados de la locura de vivir en las grandes ciudades hay algunas conductas de los habitantes de estos zoologicos superpoblados de tráfico, smog y concreto, que nos parecen inexplicables. O para hilar incluso un poco más fino, nos cuesta comprender la dinámica, el proceder o los hábitos de algunos oficios. Unos cientos de kilómetros de distancia pueden ser suficientes para convertir una profesión digna en un objeto de puteada del común de las personas.
La Capital Federal es una ciudad que me atrapa de una manera maravillosa. Disfruto de su rutina desequilabrada y voraz con muchísimo placer. Tengo un costado masoquista al sentirme felíz por viajar en subte a las seis de la tarde con millones de personas largando sus olores del día y apoyando todo los que le sobra. Amo su noche y su oferta cultural. Las ferias, la arquitectura, los bares. Sus cientos de recitales, gratuitos o no, al alcance de la mano.
Pero tengo un problemita importante con los porteños. O con un sector de ellos. Con un gremio. Una minoría: los tacheros. Tipos desbordantes de mugre, olores y, fundamentalmente, mala predispocisión. Seres comercialmente aberrantes como pocos, ventajeros y mafiosos. A todos ellos, intentando en un acto de compasión excluir a la excepción de esta regla, les digo: ¡NO LOS SOPORTO!
¡Son unos imbéciles! A vos, tachero argentino medio pelo te pregunto: si no tenés ganas de llevarme a Retiro porque se te cantó el culo que tenés que ir para zona sur y me obligás de malos modos a bajarme de tu maloliente auto ¿Por qué mierda no te dedicaste a otra cosa? ¿Acaso no te voy a pagar? ¿Para qué tenés un cartel rojo que indica que estás disponible si solamente vas a ir a dónde se te antoje el pingo hacerlo? ¿Por qué no te quedás en tu casa viviendo tu miserable vida y nos ahorrás al resto del mundo la molestia de tener que verte esa cara de ojete insoportable? Y después pedís aumento de tarifa porque no hay trabajo... andá a lavarte el orto! Con tu mentalidad de trabajo este país se va directo al descenso.
No solo eso. ¿Intenten llamar uno por operadora? La tarifa mínima es de catorce pesos o por ahí. Es decir que tienen un hermoso reloj de adorno porque si vos necesitás trasladarte a una distancia donde el importe a pagar es de menor valor que ese, te tenés que poner sin decir ni mú con lo que a ellos se les ocurra.
Ni te digo si encima no conocés mucho, sos extranjero o peor aún hablás otro idioma. ¡Estás listo! Dejaste la mitad de tus vacaciones arriba de los taxis porteños ya que te van a pasear por toda la ciudad aunque haya un camino directo y seguro a tu destino. Asique en lo que a mí respecta, recomiendo fervientemente los subtes. Incluso a pesar de que corres el riesgo de quedar embarazado a la primera de cambio. O en su defecto, mas saludable para el organismo, calzarte las zapas y salir a patear disfrutando del paisaje que, si le encontrás la vuelta, puede ser super atractivo. Pero taxi, no. Que se queden paseando solitos, comiéndose horas de embotellamiento y discutiendo entre ellos o con los colectiveros. A ver si aprenden de una vez por todas que si están sentados ahí arriba, es para brindarte un servicio a vos... y no lo a la inversa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario