En general me cae bastante para el orto la gente que se la pasa hablando por teléfono o mandando mensajes en reuniones sociales. Con las cuales no se puede establecer una conversación real y fluída porque la interrumpen constantemente para hacer llamados, recibirlos o contestar textos. Es agotador para quienes, pese a aceptar convivir con la telecomunicación, todavía disfrutamos de mirarnos la cara y los gestos, intentar sostener relaciones duraderas con quienes hacen de un teléfono celular su vida.
Pero hay un selecto grupo a los cuales gritaría en la cara ¡NO LOS SOPORTO! y son los que tienen BlackBerry. Esa gente tiene problemas, me preocupa seriamente. De por sí me infla soberanamente los huevos al punto de hacérmelos estallar, el ruidito constante que hacen esos teléfonos cada vez que te informan de un mensaje, llamada, mail, facebook, twitter, msn y cuanta poronga tenga programada para que avise. Son odiosos. Me da ganas de arrebatarlos, ponerlos en vibrador y metérselos en el ojete. Además están todo el tiempo pidiéndose entre sí un número de pin o algo así que todavía no sé qué te ganas teniendo uno. Pero todos se pasan los pines, jocosos de pertenecer a la misma secta que los convierte en autistas.
Otro grupo que me genera una ira bastante importante son los acreedores de Nextel. Pero no todos. Solo los que por alguna extraña razón, gozan del "PRIP" ese que suena cada vez que hacen o reciben una alerta. ¡NO LO SOPORTO! Que pesados. Además cuando dejan el altavoz prendido y uno tiene la obligación de escuchar conversaciones ajenas aunque no quiera. Estos tienen la característica de que se hacen los profesionales. Los importantes. Cualquier tema que hablan a través de esos aparatos de mierda los hace poner cara de que están cerrando el negocio de sus vidas, firmar la escritura de una casa o comprar una camioneta para el campo. Fruncen el ceño y hablan con tono de locutores. Ni te digo si dicen "ok", "cambio y fuera" o ese tipo de boludeces que es para darles un cortito en la nuca.
Entiendo perfectamente la modernidad pero sé también que hay una vida fuera de esos aparatos comecerebros que convierten a la gente en seres incomunicados, obsesivos, dependientes y compulsivos. Que actúan raro, se aislan, hablan solos e incluso se ríen de cosas a las que uno parece no tener derecho de compartir. Simplemente, mientras mi cordura me siga permitiendo rehusarme a comprar un BB o un Nextel... ¡NO LOS SOPORTO!